11 nov. 2008

Desayuno de humo


Podría anadir tras estas palabras un sinfín de datos alarmantes sobre la pésima calidad del aire que respiramos. Pero tras darle muchas vueltas y no saber muy bien a qué estadísticas atenerme, me limito a comentar el ahogo sistemático al que todas las mañanas me someto al introducirme en las calles de la ciudad.
Todos los días laborables, a las 07.45 horas, mis fosas nasales empiezan a contraerse y a sentir que algo falla en el suministro de oxígeno. A veces esto se traduce en un leve pinchazo en las sienes y molestias en la garganta. Noto que el humo me envuelve en una nube tóxica, narcótica. Me pregunto, mientras elevo el volumen de mi radio portátil (porque el ruido de los coches ensordece las noticias madrugadoras), si los viandantes que caminan a mi lado con la misma cara de sueño notan lo mismo que yo, que estamos respirando puro veneno al alba.

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